Hace unos años parecía que todo giraba en torno a la fibra. Cereales con fibra, yogures con extra de fibra, pasta con más fibra, pan rico en fibra… Los supermercados se llenaron de productos enriquecidos y se insistía en su importancia para la salud digestiva hasta el punto de que la opinión pública comenzó a asociar la fibra con comer saludable y light.
Hoy, el relevo de ese protagonismo lo ha asumido la proteína. Yogures, panes, cereales, bebidas o incluso postres anuncian con orgullo su alto contenido proteico, mientras las redes sociales y el mundo del fitness la presentan como un nutriente casi imprescindible para cualquier objetivo de salud.
Este fenómeno responde a varios factores:
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- Por un lado, la industria alimentaria ha encontrado en la proteína un poderoso argumento comercial para estimular la venta de una gran variedad de productos.
- Por otro, el creciente interés por el entrenamiento de fuerza y la preocupación por la pérdida de masa muscular asociada al envejecimiento han contribuido a situarla en el centro del debate nutricional.
De hecho, cada vez es más frecuente que a personas de cierta edad, especialmente mujeres en la menopausia, se les recomiende combinar ejercicios de fuerza con una dieta rica en proteína para preservar la masa muscular y mantener la autonomía funcional.
Pero ¿está justificado este furor por la proteína? ¿Cuáles son sus verdaderos beneficios? Y lo más importante, ¿cómo y cuándo es aconsejable tomarla? Ahora te lo contamos.
Furor por la dieta rica en proteína: ¿realmente es tan beneficiosa?
Lo cierto es que seguir una dieta rica en proteína es una gran opción, siempre que lo hagas bajo la supervisión de un nutricionista que haya analizado tu estado físico y tus necesidades nutricionales. Porque es cierto que la proteína desempeña funciones esenciales en el organismo durante todas las etapas de la vida.
Entre sus principales beneficios destacan:
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- Contribuye al mantenimiento y desarrollo de la masa muscular.
- Favorece la reparación de tejidos tras el ejercicio o una lesión.
- Participa en la formación de enzimas, hormonas y anticuerpos.
- Aumenta la sensación de saciedad, lo que puede facilitar el control del apetito.
- Ayuda a conservar la masa ósea cuando se combina con ejercicio físico.
- Resulta especialmente importante durante etapas de crecimiento, embarazo, envejecimiento o recuperación de enfermedades.
Sin embargo, el hecho de que sea un nutriente beneficioso no significa que cuanto más se consuma, mejor. Y esto nos lleva a analizar cómo y en qué momento debe consumirse para optimizar sus beneficios.
¿Cómo tomar proteína?
Que seguir una dieta rica en proteína supervisada sea realmente beneficioso para la salud, no significa que haya que caer en la obsesión.
Tampoco tiene sentido recurrir sistemáticamente a productos enriquecidos cuando una dieta variada puede cubrir las necesidades proteicas de la mayoría de las personas. De hecho, la calidad de la proteína es tan importante como la cantidad, por lo que conviene tomarla de forma natural a través de alimentos como pescado, huevos, legumbres, carnes magras, lácteos, frutos secos o derivados de la soja.
¿Y cuál es el mejor momento para consumirla?
La evidencia científica apunta a que lo más recomendable es repartir la ingesta de proteínas de forma equilibrada entre las distintas comidas del día, en lugar de concentrarla únicamente en la cena.
Sí existe una mayor sensibilidad a metabolizar la proteína que se consume en los momentos previos y posteriores al entrenamiento de fuerza, especialmente en las horas posteriores al ejercicio ya que, además, favorece la recuperación y la síntesis muscular.
También resulta muy recomendable tomar alimentos ricos en proteína al despertar ya que, en ese momento, el cuerpo también está más sensibilizado a la estimulación de la síntesis proteica.
En definitiva
Más que obsesionarse con la proteína, conviene incorporarla con sentido común, dentro de una dieta equilibrada y adaptada a las necesidades de cada persona como la que diseñará para ti nuestro entrenador personal y nutricionista en Madrid.
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